domingo, 25 de enero de 2015

GRECIA



GRECIA


A Grecia el Mundo Ocidental le debe todo lo que es, a Alemania solo se le debe dinero.

sábado, 17 de enero de 2015

DE USUREROS Y MOCOS


DE  USUREROS Y MOCOS



Llevo dándole vueltas a esta idea desde primeros de año, que es, aunque no lo parezca , el año 2015. 

Todo viene de que una muchacha guapa y joven, presentó el programa de las campanadas de Fin de Año en una cadena de televisión, con un vestido transparente,  nada que no hayamos visto en los últimos cuarenta años, y mire usted por donde, ese detalle ha hecho surgir comentarios de todo tipo: la han acusado de  indecente, desvergonzada, ordinaria y no sé de cuántas cosas más. Increíble, pero cierto, claro que,con el vuelco que hemos pegado en éste país es natural: Si en en el año 1982 ya nos advirtieron que no nos iba a conocer ni la madre que nos pario, ahora treinta años después, ya no nos reconocemos ni nosotros mismos. 

Ya no se acuerda nadie de aquellas preciosas portadas de Interviú, o de aquellas cantantes cuarentonas que daban conciertos en bañador, tan guapas ellas,  o como la otra que se le salían las tetas cuando saltaba, y saltaba y saltaba, cantando una canción de la que no es posible recordar ni una nota. Y volvemos atrás en tantas cosas, que me molesta hasta esta tontería de considerar escandaloso un vestido transparente, que si no hubiera llevado la muchacha bragas, todavía, pero es que llevaba ropa interior de abuela debajo. Vergüenza me da a mi, pero de ver en lo que nos hemos convertido, después de tanto trabajo como ha costado deshollinar las mentes, entre crisis y fundamentalismos, estamos viendo esfumarse todo lo conseguido como el humo de la chimenea.

Sin embargo, y esto es lo peor, a nadie escandalizan los anuncios que vemos a diario de los prestamistas y usureros, que luego se llevan las casas de la gente por haber prestado 300 euros a un desesperado, que si Cofidis que si Cetelem, que si una llamada suya es suficiente, que los primeros trescientos euros son gratis y se los ponemos en su cuenta en diez minutos: Asimismo, con toda la cara,  y en horas de máxima audiencia, que entre esos anuncios y los de los jarabes de los mocos, se pasa tanto asco, que al final, vamos a conseguir las madres, lo que no conseguimos ni con la guerra de los Balcanes, que se apague la tele a la hora de comer.

Verdaderamente este mundo no es el que yo esperaba.

sábado, 12 de abril de 2014

BICA

BICA
(Dulce típico de Galicia)


En una mañana de domingo del mes de abril,me enseñó mi amigo Pablo Alcázar esta receta. Fue una mañana divertida y llena de contratiempos: La Bica iba a ser el postre para mis invitados dominicales y Pablo, el gran maestro, siguiendo el viejo proverbio chino, me enseñó a pescar, además de regalarme los peces. Pero una confabulación de Policías Municipales, manifestaciones de dudosa finalidad, protagonizadas por jóvenes escolares, no se sabe si en contra o a favor de Wert, se interponían en mi camino consumiendo el escaso tiempo con qué contaba. Y para rematar la mañana apareció la falta de mantequilla, elemento insustituible, como se podrá comprobar, para la elaboración de la receta. Y  en toda la Vega de Granada no había mantequilla sin sal. Tas una carrera contra reloj, y contra mano también, en el pueblo más alto de la comarca se consiguió el ingrediente fundamental y por fín se produjo el milagro dominical: llegué a mi casa a tiempo para recibir a mis invitados, más sabia y sana y salva, con un aromático bizcocho , llamado Bica por los gallegos, en mis manos.
A continuación transcribo lo que aprendí, y os recomiendo que lo hagáis al pie de la letra, pero procurad reíros mucho mientras lo hacéis, de cualquier cosa, no importa de lo que sea, ese es el ingrediente secreto del éxito de la cocina.






Bica con Thermomix

Ingredientes

4 huevos
400 gramos de azúcar
400 gramos de harina de repostería
200 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
200 gramos de nata
2 cucharadas de levadura en polvo
Una pizca de sal

La formula de esta receta es la siguiente: Por cada huevo, 100 gramos de azúcar, 100 gramos de harina, 100 granos de grasa (50 de nata y 50 de mantequilla) y media cucharadita de levadura. Teniendo en cuenta esta relación de ingredientes se podrá hacer mayor o menor, según las necesidades. El procedimiento siempre será el mismo, independientemente de la cantidad empleada..


Elaboración


Se enciende el horno para que esté caliente al meter la masa.


Se pone la mariposa en las cuchillas


Se baten los huevos con el azúcar y la mantequilla  3 minutos velocidad 3,  a continuación se incorpora la nata y se bate 2 minutos a velocidad 3


Se quita la mariposa de las cuchillas


Se echa la harina y la levadura y una pizca de sal a través de un colador para que quede bien aireada y se mezcla poniendo velocidad 6 durante 10 segundos, una vez parada la máquina,  se termina de mezclar con la espátula mediante  movimientos envolventes.


Se vierte la masa en un molde cubierto de papel de horno y se le echa una fina capa de azúcar por encima, se mete en el horno a temperatura de 170º durante 45 o 50 minutos. Pasado este tiempo se comprueba si está hecho clavando un cuchillo, que deberá salir seco. Se saca del horno y se deja enfriar antes de desmoldar.



Bica con batidora de mano

Elaboración



Si es posible se utilizan las varillas, si no,  se bate a velocidad mínima.

Se baten los huevos con el azúcar y la mantequilla derretida hasta conseguir una crema  blanca y espumosa, a continuación se le añade la nata y se mezcla  a mano con una espátula o cuchara con movimientos envolventes para que se unifiquen los ingredientes.


A continuación se incorpora la harina mezclada con la levadura  y una pizca de sal y se bate un poco hasta que todo esté mezclado.

Se vierte la masa en un molde cubierto de papel de horno y se le echa una fina capa de azúcar por encima, se mete en el horno a temperatura de 170º durante 45 o 50 minutos. Pasado este tiempo se comprueba si está hecho clavando un cuchillo, que deberá salir seco. Se saca del horno y se deja enfriar antes de desmoldar. Nuevo consejo de Pablo Alcázar, si se moja el papel de horno antes de ponerlo, se adapta muy bien y no se pega nada.

miércoles, 9 de abril de 2014

FELICIDADES OTRA VEZ





FELICIDADES OTRA VEZ

Un año más, otro cumpleaños. Yo tenía un compañero para celebrar este día y ya hace 35 años que me quedé sola. Hoy hace 108 años que naciste tú y 64 que nací yo. ¡Felicidades, Papá!


viernes, 14 de marzo de 2014

POTAJE DE PANECILLOS





POTAJE DE PANECILLOS
Como el que comí en Fátima.

Un potaje así comí una vez un Viernes Santo en una aldea llamada Fátima, perteneciente al municipio de Castríl de la Peña, me gustó tanto que he estado experimentando todos estos años, hasta que he conseguido un plato, que si no es igual, es muy parecido o, por lo menos, a mi me ha gustado tanto  como me gustó aquel.


Castríl de la Peña
Foto obtenida de la web de la Junta de Andalucía

Por cierto, recomiendo visitar Castríl, que es el pueblo de mis amiga Pilar, con la que yo tengo una deuda de reconocimiento hacia su pueblo, porque cuando éramos niñas, ella me decía que su pueblo era precioso y muy bueno para veranear y yo respondía, con impertinencia infantil: ¡Pues será un pueblo como todos los pueblos!  

Una Semana Santa, pasada la infancia y  la juventud, con la madurez suficiente para reconocer los errores, conocí el pueblo y no tuve más remedio que llamarla y decirle que le pedía perdón porque su pueblo era uno de los pueblos más bonitos que había visto en mi vida, y que,efectivamente, reunía los requisitos necesarios para pasar vacaciones, en las que no faltarían atractivos de entretenimiento para todos los gustos. Dicho queda y vamos a la receta del potaje.


Ingredientes


½ kilo de garbanzos buenos
Aceite de Oliva Virgen Extra
1 tomate grande
1 cebolla
1 pimiento rojo seco
1 pimiento verde
3 dientes de ajo
1 hoja de laurel
Pimienta en grano
Azafrán en hebra
1 bolsa de espinacas crudas
1 huevo
1 paquete de migas de bacalao desalado (Hay uno muy bueno en Mercadona)
Miga de Pan
Perejil y sal.

Elaboración

En una olla grande se pone a cocer el agua con las hortalizas enteras: tomate,pimiento verde, pimiento seco sin semillas, cebolla, dos de los ajos, y también con la hoja de laurel, los granos de pimienta, unas hebras de azafrán y un chorreón de aceite de oliva. 

Cuando empiece a hervir se añaden los garbanzos, que habrán estado en remojo en agua tibia toda la noche, dejando hervir el guiso a fuego lento el tiempo que necesiten los garbanzos.  Cuando estén casi tiernos, se sacan las hortalizas, pimientos, tomate, cebolla que se trituran en la batidora y se devuelven triturados al guiso.

Por otra parte, se hace una masa con el bacalao muy picado, un huevo batido, la miga de pan, medio diente de  ajo muy picado, perejil, y sal, se moldea con forma de panecillos o albóndigas que se  fríen en aceite caliente muy caliente.

Por último, se echa un puñado de espinacas a la olla, no muchas, y se añaden  los panecillos para que hiervan con el guiso, empapándose con el caldo y mezclándose los sabores,  mientras se terminan de hacer las espinacas. Se comprueba el punto de sal y listo para servir.

lunes, 17 de febrero de 2014

BACALAO DE INSPIRACION MOZARABE














He puesto este nombre a la receta porque está basada en un plato que ahora sirven en la mayoría de los restaurantes que lo llaman Bacalao Mozarabe. Como es de suponer no se trata de un bacalao cristiano que viva en territorio musulmán, entre otras cosas porque el bacalao se moriría si saliera del mar, aunque fuera para ir a misa. Pero es una receta que combina lo dulce y lo salado, frutas, hortalizas y pescado, huevos y aceite, y dicen que con estos ingredientes suelen cocinar en los países árabes, así  que mozarabe encaja.


INGREDIENTES

1 kilo de bacalao desalado en su punto de sal
300 gramos de tomate frito casero
3 cucharadas grandes de azúcar moreno
sal y pimienta
un puñado de uvas pasas 1 cucharada de piñones
2 bolsas (600gr) de espinacas
2 dientes de ajo
aceite de oliva virgen extra
harina
1 huevo, aceite  y  limón o vinagre para hacer mayonesa.
    



Cuando tengo tomates del campo de algún amigo en verano hago tomate frito para mucho tiempo, ahora no tengo, y he de confesar que  he utilizado tomate frito de Mercadona del que llaman "Receta Casera", porque es muy parecido al que se hace en casa y  últimamente estoy muy comodona. También se puede usar el bacalao que venden ya desalado, pero hay que elegir una marca buena, yo compro el de Bofrost que lo traen a casa, porque nunca he tenido mucha suerte con el proceso de desalado y, por supuesto, las espinacas naturales de bolsa, que si no, no haría yo nada con espinacas.

PROCEDIMIENTO

en una cazuela de fondo grueso que tenga tapadera, se echa un poco de aceite y se fríen los ajos y los piñones y también, si gusta, poner unas nueces picadas, se añaden las uvas pasas y se rehogan un poco, a continuación se echan las espinacas crudas, incorporándose poco a poco según se van reduciendo para que quepan, cuando estén todas se tapa y se reduce el fuego: Se hacen muy rápido, hay que tener cuidado para que no se pasen. Las hortalizas de hoja verde, es mejor que no se cuezan demasiado.



Por otro lado, se pone el tomate frito en un cazo con las tres cucharadas de azúcar, que hierva un poco mientras se mueve con una cuchara para que no se pegue en el fondo, hasta que  se convierta en una mermelada de tomate ligera.

Los trozos de bacalao se pasan por harina, se fríen y se reservan.




En una fuente de horno se pone el tomate frito en primer lugar, encima las espinacas rehogadas y después los trozos de bacalao y se cubre todo con una capa fina de mayonesa. Se gratina en el horno cuidando de que no se dore demasiado y se sirve caliente.









lunes, 16 de diciembre de 2013

NUNCA ES TARDE






NUNCA ES TARDE



El día 16 de diciembre se celebra en Andalucía el Día de la Lectura y la Asociación Entrelibros ha querido festejarlo a su modo, o sea, leyendo. Encabezados por Juan y Andrea, creadores y alma de la asociación, un grupo de socios, colaboradores y voluntarios se han repartido esta mañana por el Parque de las Ciencias y con sus bolsas llenas de libros y sus mejores sonrisas,  han asaltado a chicos y grandes, para robarles unos minutos de su tiempo y regalarles un poema o un cuento, para que las palabras sembradas en sus corazones florezcan en amor por la literatura.

Formando pareja con Andrea, he pasado una mañana deliciosa: A la satisfacción de ver las caras de felicidad de los niños y mayores que atentos escuchaban, se une la emoción de oír a mi compañera declamar y, más que leer, interpretar los textos.

Tengo que confesar,  que yo no había estado nunca en el Parque de las Ciencias, o sea, que mi debut en las actividades de Entrelibros ha salido que ni planeado. He disfrutado de lo lindo cuando, con atención infantil,  hemos hecho un pequeño descanso ante el Péndulo de Foucault, para esperar que en su eterno vaivén hiciera caer el palito de las doce.

La visita ha concluido con  dos firmes propósitos: Uno, que tengo que aprender a leer como Andrea y el otro, mucho más asequible para mi, voy a realizar una visita inmediata  a la totalidad del  Parque de las Ciencias.

Ha sido una experiencia extraordinaria, un domingo para recordar, de pronto, cuando todo lo que era, ya no es, una mañana de diciembre de la mano de un libro aparece un nuevo reto, y vuelta a empezar. Nunca es tarde.http://asociacionentrelibros.blogspot.com.es/

martes, 10 de diciembre de 2013

10 DE DICIEMBRE







10 DE DICIEMBRE



El 10 de diciembre de 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura a José Saramago.

Tuve el honor de asistir en directo a la ceremonia de entrega de dicho premio gracias a mis amigos Pilar y José que, con su invitación, me hicieron vivir unos de los momentos más memorables de mi vida.

Reproduzco las palabras que dijo el escritor en el brindis de la cena, aprovechando la ocasión para conmemorar el Cincuenta Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, que se celebraba ese mismo día Diez de Diciembre.

Hoy, después de quince años, podemos decir que las palabras de buena voluntad del escritor se perdieron en el aire, que sus peores premoniciones se han cumplido y, que en sesenta y cinco años, la Declaración de Derechos Humanos firmada por los representantes de los Gobiernos a bombo y platillo, aparte de para lucimiento de aquellos, no ha servido para nada. Estamos peor todavía.



BRINDIS
(Estocolmo, 10 de diciembre de 1998)

Se cumplen exactamente 50 años de la firma de la Declaración de los Derechos Humanos. No han faltado conmemoraciones de esta efeméride. Sabiéndose, sin embargo, cómo la atención se cansa cuando las circunstancias le piden que se ocupe de asuntos serios, no es arriesgado prever que el interés público por este asunto comience a disminuir a partir de mañana mismo. Nada tengo contra estos actos conmemorativos, yo mismo he contribuido a ellos, modestamente, con algunas palabras. Y puesto que la fecha lo pide y la ocasión no lo desaconseja, permítaseme que diga aquí unas cuantas más. Este medio siglo no parece que los gobiernos hayan hecho por los derechos humanos todo aquello a lo que moralmente estaban obligados. Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se expande. La misma esquizofrénica Humanidad, capaz de enviar instrumentos a un planeta para estudiar la composición de sus rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas a causa del hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestro propio semejante. 

Alguien no está cumpliendo con su deber. No lo están cumpliendo los gobiernos, porque no saben, porque no pueden, o porque no quieren. O porque no se lo permiten aquéllos que efectivamente gobiernan el mundo, las multinacionales y plurinacionales cuyo poder, absolutamente no democrático, ha reducido a casi nada lo que todavía quedaba del ideal de la democracia. Pero tampoco estamos cumpliendo con nuestro deber los ciudadanos que somos. Pensemos que ninguno de los derechos humanos podría subsistir sin la simetría de los deberes que les corresponden, y no es de esperar que los gobiernos realicen en los próximos 50 años lo que no hicieron en éstos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra. Con la misma vehemencia con que reivindicamos los derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo pueda ser un poco mejor. 


No olvido los agradecimientos. En Francfort, el día 8 de octubre, las primeras palabras que pronuncié fueron para agradecer a la Academia Sueca la concesión del Premio Nobel de Literatura. Di las gracias también a mis editores, a mis traductores y a mis lectores. A todos les vuelvo a dar las gracias. Y ahora también a los escritores portugueses y de lengua portuguesa, a los del pasado y a los de hoy; por ellos nuestras literaturas existen, yo soy sólo uno más que se les vino a unir. Dije aquel día que no nací para esto, pero esto me fue dado. Gracias, por tanto.

domingo, 1 de diciembre de 2013

VERGÜENZA








Vergüenza

Vergüenza  debiera de darnos que vuelvan los tiempos de la “caridad”, vergüenza para todos y por todo.  Vergüenza es que la Justicia Social conseguida con sangre por los hombres y mujeres de los dos siglos anteriores esté siendo sustituida por la vieja caridad cristiana, tan manida y tan injusta. Ahora, bien instalado ya el siglo XXI, cuando la ciencia ha puesto al alcance de la mano de los seres humanos el mundo entero, volvemos a  las campañas de ayuda al pobre, a la  miseria de los programas  de la lástima y la humillación de los necesitados,  como aquellos  de la posguerra  de títulos grandilocuentes: “Ustedes son Formidables” o   “Ponga un Pobre en su mesa”, que solo de recordarlos se estremece el corazón.

Desgraciadamente la generosidad de la gente sencilla es fácil de estimular y con buena voluntad dan lo que pueden para ayudar a los que no tienen, noble gesto sin duda, pero inútil y  que surte los mismos efectos que   el recurso barato para callar conciencias de la gente ruin y egoísta, que con tal de seguir en su vida cómoda, no quiere ver que esa no es la solución.


Vergüenza debiera de darnos, a los que sabemos que esta crisis es una guerra desigual del poder financiero contra los derechos sociales consolidados. Una guerra en la que uno de los bandos ha sido abandonado por sus propios generales que, como viles traidores, no han dudado en pasarse al bando del enemigo.

Vergüenza, como la de este hombre de la fotografía de los años cuarenta del siglo pasado, que tapa la cara de su hija adolescente mientras pide  limosna en la puerta del lujoso restaurante   Lhardy de la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Escena que nunca más debería repetirse.

Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial de Comercio, son solo algunos de los poderes financieros internacionales que encabezan esta diabólica cruzada, no olvidemos que detrás de ellos hay hombres con nombres y apellidos, ¿No nos da vergüenza de dejarlos vivir en paz?

¡Malditos sean, una y mil veces, malditos sean por siempre jamás!

martes, 15 de octubre de 2013

UNA LEYENDA PARA EL FRAILE




UNA LEYENDA PARA EL FRAILE
Esta leyenda está dedicada a la memoria de María Victoria Prieto Grandal,que tuvo la gentileza de supervisarla y siguiendo sus consejos la publico.


La mayoría de ellos llegaron a Las Alpujarras acompañando a la Corte o huyendo de Granada tras la rendición, pero el Rey Chico, antes de terminar el segundo año, comprendió que aquel Señorío de las Alpujarras que se le había otorgado era una prisión encubierta, y tras la prematura muerte de su esposa cruzó a tierras africanas y sus súbditos se quedaron poblando la vertiente sur de la Cordillera, la que mira hacia el mar.

Allí continuaron con su vida, practicando sus costumbres, su religión, organizando su agricultura y construyendo sus pueblos y sus casas a su estilo. Así se les había prometido que sería en las Capitulaciones que sus reyes habían firmado al entregar Granada. Pero eso duró poco tiempo pues pronto vinieron órdenes que les obligaban a abrazar otra religión y a cambiar sus hábitos, primero con cautela y después por imposición; les llamaban “moriscos” y para ser ellos mismos y sobrevivir tenían que esconderse y renegar públicamente de sus creencias. Pasaron décadas de humillaciones. Al final, se rebelaron y libraron la última guerra entre moros y cristianos, que también  perdieron. Decretado su exilio, fueron conducidos a otras tierras  de Andalucía y Extremadura donde, aislados y pobres, se esforzaron por sobrevivir, para terminar siendo expulsados definitivamente.

Ha pasado mucho tiempo y ni en las leyendas habitan. Los expulsaron y  se llevaron sus conocimientos y su cultura con ellos.  Sus pueblos, sus alquerías, sus molinos y sus campos fueron ocupados por gentes extrañas que vinieron de tierras lejanas, con otras creencias y otras costumbres. Si algunos se quedaron, tuvieron que sacrificar su propia identidad, abandonando sus principios, sus ritos  y su historia, dejando aquellos territorios sin memoria.

De todos los tiempos y de todos los rincones, han surgido relatos extraordinarios, pero no son muchos los que cuentan historias de moriscos; y los que lo hacen se limitan a  describir los tesoros ocultos que dejaron porque no se los podían llevar a su destierro. Los héroes de esas leyendas son los cristianos que se los encontraban, obteniendo así el  justo premio a su bondad, honradez, humildad o alguno de los valores que debían adornar a las personas según la moral y las costumbres de los vencedores.

Algo supieron del rey que cedió su reino a su hermano, aquél que desafió a la Corte y a su familia, repudiando a la reina para casarse con una bella cristiana, y que  sufrió las derrotas que marcaron  el principio del fin de la España musulmana.

De aquel rey sí se contaban leyendas y romances porque fue rebelde y orgulloso, y porque fue capaz de cambiar un reino amenazado desde dentro y desde fuera por un rincón de paz donde vivir sus últimos días rodeados del amor de la familia que había fundado con su esclava favorita. Si el dolor que causó con sus caprichos y mal gobierno fue culpable de la tragedia de todo un pueblo, eso no ha trascendido. La leyenda transmitida por los descendientes del enemigo vencedor ensalza el lance amoroso, olvidando las verdaderas consecuencias que tuvieron sus desaciertos sobre su pueblo.Decían que al final de su vida, sintiéndose débil y enfermo,  se retiró a su castillo del Valle de Lecrín con su segunda mujer y sus dos hijos. Se contaba que, a pesar de todo,  era tal el dolor que le había producido  ver el desmoronamiento de su reino que hizo prometer a su esposa que en el momento de su muerte sería enterrado en un lugar donde nadie pudiera encontrar su tumba, ni los moros ni los cristianos.

       Cuando murió, cumplió su familia sus deseos, llevándolo en fúnebre expedición a las montañas Sulayr, donde lo enterraron en un lugar desconocido. Y allí quedó para siempre Abu-al-Hassan, el rey moro Mulay Hasan, para lo cristianos Muley Hacén, sirviéndole de mausoleo la montaña más alta de toda la península ibérica.

Monte y rey, rey y monte, se fundieron en un solo cuerpo para toda la eternidad y con un solo nombre se les conoce: Mulhacén.

Muchas leyendas han retratado aquel reino perdido. Cuentan  las historias de los nobles que lo gobernaron, de los soldados que lo defendieron  y de las gentes que lo habitaron, tanto en los tiempos de esplendor como en la decadencia. Muchas han sido también las leyendas que han tenido como escenario aquellas montañas  que lo enmarcan. Las altas cumbres nevadas e inaccesibles para los más prudentes han inspirado cuentos y relatos de hechos extraordinarios, ocurridos en hermosas lagunas y arroyos saltarines, narrados por los pastores y los aventureros que, amparados en la admiración popular, tornaban fenómenos naturales en sucesos inexplicables y maravillosos que, escuchados  por unos y contados por otros, pasaron de padres a hijos superando el paso del tiempo, constituyendo gran parte de la herencia cultural de la región.

Los nuevos habitantes de las Alpujarras debieron de tardar lustros en conocer las altas montañas de Sulayr. No tuvo que ser fácil explorar aquellas cumbres que sólo eran accesibles en verano. Se supone que tal hazaña es atribuible a los pastores que, buscando pastos para sus rebaños, llegaron a lo más alto de las montañas donde en la  primavera tardía  florecen los nutritivos  borreguiles.

Al calor de las chimeneas  en invierno se contarían las aventuras veraniegas de los pastores, y de allí saldrían para difundirse por la comarca descripciones de lagunas, riachuelos y riscos, y así,  poco a poco,  la gente conocería la belleza de aquellas montañas. Aquellos nuevos pobladores, venidos de tierras castellanas, con su fe cristiana grabada a fuego en sus corazones, no sabían, ni querían saber, nada del antiguo pueblo que había vivido allí durante siglos.

Ninguno de ellos hasta entonces había oído hablar de una enorme roca con forma de encapuchado que corona una de los picos que acompañan al Mulhacén en su altura, un poco más pequeño, pero en definitiva un gigante de 3.188 metros sobre el nivel del mar,  cuya figura es visible desde las dos vertientes de la cordillera. Para los habitantes de la región este encapuchado de piedra pasó a ser “El Fraile” o “El Cartujo.” Hasta el día de hoy, que se le conoce como el “Fraile de Capileira” por su proximidad con ese pueblo serrano.

Sea quien sea, lo que sí es cierto es que el picacho de piedra está allí,  en un paraje idóneo para crear una leyenda, y con esa vocación nace esta historia posible para esa roca con forma de encapuchado: un suceso extraordinario que trata de dar una explicación fantástica a la forma singular de un accidente geográfico, creada para contarla con la ilusión de que sea difundida. Confiemos que sea del agrado de  los lectores y se convierta en la Última Leyenda del Reino de Granada.

Porque a pesar de tantas historias, transmitidas por esas leyendas, el tiempo y las circunstancias se olvidaron de una, la más triste de todas, la leyenda que nadie pudo contar porque en Las Alpujarras nadie quedó para hacerlo: la leyenda de aquel rey desgraciado que fue el último rey de Granada, del que sólo se recuerda que su madre lo insultó cuando volvió la mirada para decir adiós a su reino perdido y no pudo contener las lágrimas.  

El rey Abú abd Allah, conocido por los cristianos como  Boabdil y por los suyos apodado “Al Zugaibi”  (“El Desdichado”),  partió junto a su madre y su hijo hacia Berbería en otoño de 1493. Dejaba atrás lo que más había querido en la vida: su esposa, su hijo y  su reino.

        Poco tiempo duró el engaño del Señorío de las Alpujarras que le habían otorgado los reyes cristianos en los acuerdos de la rendición. Pronto supo que solo era una etapa hacia el exilio definitivo. Fallecidos su esposa y su hijo aquel verano,  no puso más resistencia a las órdenes de los reyes: aceptó el precio ofrecido  y abandonó la península  junto a su corte y otros seis mil moriscos, dicen que desde el mismo puerto por el que había entrado Abderramán siete siglos atrás.

Se instaló  en el Norte de África como súbdito del sultán de Fez, con el que colaboró en paz y armonía hasta el día de su muerte, habiendo vivido muchos años  en calidad de príncipe acogido. Cuentan también que nunca volvió a casarse, disfrutó de su inmensa fortuna pero nunca pudo olvidar a su mujer Morayma, ni a su reino perdido.

         Se ignora cómo fue el transcurrir de aquellos años de la vida del rey Chico. Cualquier historia que se cuente habitará en el terreno de lo indemostrable. No se conservan crónicas o relatos contemporáneos a los que atribuir cierta veracidad, por lo que la imaginación queda en libertad para adjudicar las aventuras que se le ocurran.  

Solo se sabe que cuando murió era muy anciano. No hay seguridad sobre la fecha de su muerte, ni tampoco están claras las circunstancias. Para unos fue en 1533 y para otros ocurrió en 1528. Del mismo modo, unos sostienen que murió en paz en su lecho y otros dicen que fue en una batalla, en la que luchaba junto al sultán contra algún enemigo. Que no se haya encontrado una tumba con sus restos hasta el momento, no facilita las cosas para saber la causa y el lugar donde se produjo el fallecimiento. Éstas son las teorías conocidas, ambas sin documentar.
      
       Nadie puede asegurar cuál fue el verdadero final del desgraciado rey, por lo que todas las suposiciones pueden ser válidas. Realmente poco importa el momento y la causa, lo importante es que su destino final fue su reino perdido. Boabdil pudo morir en Fez, sus restos mortales pueden estar enterrados allí, pero su espíritu descansa en España, en las tierras más altas de la península ibérica y cualquiera puede verlo.

No es extraño pensar que  Boabdil quisiera volver a la península para morir en ella y así poder ser enterrado en el cementerio musulmán de Mondújar, donde descansaban los restos de su amada Morayma. Allí estaban también sus antepasados, los reyes de Granada, cuyos restos él había ordenado traer desde la rauda real de la Alhambra, antes de entregar el reino.   

      Él era un hombre noble e inmensamente rico que pudo costear esa  aventura y, contando con la protección del Sultán de Fez, no debió de faltarle  la ayuda necesaria para organizar su último y secreto viaje.

En aquellos años las incursiones de piratas berberiscos y turcos en tierras españolas eran frecuentes; robaban y secuestraban todo lo que encontraban a su paso, a los pobres los vendían como esclavos y a los ricos los usaban como rehenes hasta que sus familias pagaban, o servían de moneda de cambio para la  liberación de compañeros apresados anteriormente en tierras españolas. Para llevar a cabo estas negociaciones los nobles o las familias ricas recurrían a los frailes de las órdenes mendicantes, por lo que era normal ver por las poblaciones costeras grupos de monjes que viajaban en caravana, acompañados de guardias fuertemente armados que cuidaban de la mercancía humana, o del oro que transportaban para pagar los rescates.
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Protegido por una de esas expediciones, entró por el puerto de Adra y se introdujo en las Alpujarras el que fue su Señor, y antes rey de Granada.Recorrió de nuevo el camino de la ladera interior de la Sierra de la Contraviesa, el mismo por el que trasladó los restos de Morayma desde Laújar de Andarax aquel lejano año de 1493. Volvía para rezar ante su tumba y no la encontró, nada era ya como él lo dejó. No había ni rastro de la mezquita ni del cementerio real de Mondújar, en el que estaba enterrada junto a  los últimos reyes nazaríes.

La mezquita se había transformado en  una iglesia cristiana con su campanario y todo. Lo más doloroso fue que las reformas se hicieron con cargo a la enorme fortuna que los reyes de la Alpujarra habían dejado para que se rezara por el alma de la reina: la mitad de la herencia para que el alfaquí rezara ante su tumba dos veces por semana, y un inmenso capital,  que el mismo rey había donado a los ulemas, para igual fin. Incautados los bienes a los ulemas, aún andaban pleiteando la iglesia y los herederos de un noble granadino por el resto de la herencia. Mientras, el obispado se había ocupado de gastar parte de la fortuna en convertir la mezquita en iglesia y en construir una torre con campanario en el lugar donde había estado el cementerio musulmán, desapareciendo en las obras las tumbas y sin que nadie pudiera  dar razón del paradero de los restos de la familia real que en él se encontraban.

A lo largo de aquellos años Boabdil había tenido noticias del trato recibido por  su pueblo: eran muchos los que habían ido llegando a tierras del Norte de África, huyendo o expulsados, y, aunque conocía la crueldad con la que habían sido tratados, le dolió especialmente que se hubiera atentado de esa forma contra su dignidad , profanando  hasta las tumbas de los reyes y dejando perder para siempre sus restos.

Asumió una nueva derrota y volvió a llorar, una vez más, por su esposa y por su pueblo, iniciando su viaje de vuelta con la amargura instalada en su corazón, que lo único que deseaba era dejar de latir. Cualquiera que conociera su vida podía dar fe de que, verdaderamente, se habían cumplido los augurios que los astrólogos vaticinaron, no se habían equivocado lo más mínimo: “vivió mucho para padecer mucho” aquel emir de Granada, Muhammad XI, llamado “El Chico” por los castellanos y “Al-Zugaibí”, “El Desdichado”, por los musulmanes.

El final de verano llega pronto a la sierra. Los pastores saben que en los últimos días de agosto un día puede amanecer claro y caluroso y en pocos minutos desencadenarse la más dura de las tormentas. Aquella mañana los pastores vieron una nube solitaria  con forma de pan de azúcar sobre los picos y se apresuraron a reunir el ganado que pacía junto a las lagunas para alejarse lo más posible de las alturas. Esas nubes no anuncian nada bueno. En pocos minutos el cielo se puso gris y apenas si les dio tiempo a llegar a los rediles, fabricados con piedras a media ladera,  para resguardar al ganado y a ellos mismos de los lobos y de  las tormentas.

Antes del mediodía la oscuridad cubrió la sierra como si se hubiera hecho de noche. El primer relámpago iluminó de rojo todo el cielo y después cayó un rayo que hizo crujir la tierra como si  fuera un barco de madera que se hubiera partido de proa a popa. Siguieron cayendo más rayos por todas partes, las montañas ennegrecieron bajo las nubes, que cada vez se acercaban más. La lluvia se convirtió en un granizo que pegaba con fuerza empujado por un viento que se llevaba por delante hasta las piedras. Los pastores se tumbaron en el suelo y se cubrieron con sus gruesas mantas de lana, las nubes los envolvieron como si el cielo se hubiera pegado a la tierra.

Los animales están acostumbrados a las tormentas: las ovejas se acercan unas  a otras, su lana las aísla del frío y no es buena conductora de la electricidad; los perros se resguardan como pueden, no es que les guste pero tampoco se asustan, y las mulas aguantan cualquier cosa. Pero de pronto una fuerza incontrolable agitó la tierra: los perros aullaban,  las ovejas balaban nerviosas, las mulas daban coces tratando de escapar de sus ataduras sin conseguirlo. Un ruido sobrenatural, más fuerte que el de los truenos, un rugido  enorme que surgió desde el fondo de la tierra, hizo temblar de tal manera el suelo que  dejó de sujetar los cuerpos. Como si fuera una ola del mar, se movió la sierra, un latigazo enorme levantó las piedras e hizo rodar animales y hombres de un lado para otro.

Tormenta y terremoto, dos fenómenos brutales al mismo tiempo. Cuando callaron los ruidos y cesaron los temblores, los animales corrían despavoridos por las laderas  sin rumbo fijo. Los pastores magullados huían también, con miedo pero tratando de recuperar el mayor número de ovejas, confiaban que los perros y las mulas encontraran solos el camino de vuelta.

Lo mismo que vino se fue la tormenta; así son  las cosas en la sierra. Los rayos del sol poniente se estrellaban en las montañas, que brillaban teñidas de rojo.

Los pastores, en su frenético descenso, miraban a un lado y a otro tratando de localizar a las ovejas. El primero que lo vio sintió que la sangre se le  helaba dentro del  cuerpo. Intentaba avisar  a los demás y no le salían las palabras. Pero aquello era  tan grande que los demás no tardaron en verlo también: ¡uno de los crestones de los tajos cercanos al pico del Veleta había cambiado de forma, se había elevado por encima de los demás y se había transformado en un enorme encapuchado de piedra!

Aquel mismo día, en el preciso instante en que la tierra temblaba en las montañas de Sulayr, al otro lado del mar, en la ciudad de Fez,  en el interior del reino de Marruecos, moría el que fue el último rey nazarí de  Granada.

Su espíritu, libre al fin, fundido con el de su amada esposa, se integró en una de las  crestas más altas  de la cordillera, a la que le dio su aspecto.

En el paraje conocido como Los Tajos del Nevero está el Cartujo, en el cascajar al que le da nombre. De pie, dominándolo todo. Por la derecha, la Alpujarra con la Sierra de Gádor al fondo, y entre los dos el Mediterráneo. Por la izquierda, Granada y su Vega rodeada por las sierras de La Alfaguara, Parapanda, Loja, Alhama, Tejeda y Almijara. Delante de él se elevan los picos del Veleta, el  Mulhacén y la Alcazaba, y al final el Picón de Jérez, que defiende el Puerto de la Ragua. Por debajo de ellos y abriéndose por todo el territorio están  las sierras menores de Cazorla, Segura y las Villas y Baza, y allá a lo lejos la Sierra de la Sagra, la más alta de todas ellas. El pico del Caballo guarda la espalda del Encapuchado, elevándose sobre  los valles de Lecrín y Guadalfeo, cercados por la sierras de Lújar, Cázulas y la Contraviesa, que vigilan el mar.

         El reino de Granada al completo se extiende a sus pies y él desde allí arriba lo contempla.