jueves, 5 de agosto de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
EL PATIO
lunes, 24 de mayo de 2010
Las Medidas
Con conocimiento de causa puedo decir que es sumamente grave el hecho de que el Gobierno actual haya pensado en reducir el gasto partiendo de la reducción de los sueldos de los funcionarios y congelando las pensiones. Y no solo es grave por la pérdida de poder adquisitivo que supone a ambos colectivos, sino porque se crea así un peligroso precedente de desprecio a los derechos adquiridos que nos deja a todos desprotegidos, digo todos porque, más tarde o más temprano, pensionistas podemos ser todos.
En los últimos treinta y cinco años todos los gobiernos han ahorrado en los sueldos de los funcionarios, unas veces por unos motivos y otras por otros, han congelando sus sueldos los gobiernos de la UCD, del PSOE y los del PP. Para igualar categorías o para unificar colectivos, o por cualquier excusa, siempre se ha recurrido al mismo bolsillo. Los sindicatos han hecho sus esfuerzos para tratar de impedirlo, pero nunca han tenido mucho éxito .Así se ha llegado a la realidad actual en la que el funcionario, aunque tiene el privilegio de tener un trabajo estable, es uno de los trabajadores peor pagados del panorama laboral. Una cosa por otra.
Pero, a pesar de todo esto, nunca se ha llegado a la tropelía de rebajar el sueldo base y la antigüedad de un trabajador de la función pública, esto es un ataque frontal a la garantía de los derechos de las personas, y los sindicatos tienen su ocasión de oro para demostrar para quien trabajan, si no lo han hecho antes, ya pueden hacerlo ahora.
La gravedad de la medida llega a términos peligrosos en el caso de la congelación de las pensiones, que desde el año 1956 se han venido revalorizando regularmente, alcanzando nivel de obligatoriedad a partir de
Es lamentable que un gobierno socialista haya propuesto una medida como esa, que destruye el principio de garantía otorgado por la norma legal mencionada. Confiemos en que los sindicatos y demás fuerzas sociales se organicen bien para impedirlo, recurriendo a los tribunales, a la calle o a lo que haga falta, porque se corre un riesgo impensable hasta ahora legitimando una medida que nos deja desprotegidos a los ciudadanos ante todos los gobiernos futuros.
Se van a ir, porque después de esto se van a ir, dejándonos a los pies de los caballos y con el culo al aire. Peor imposible.
jueves, 6 de mayo de 2010
El teatro de Javier

Ayer el Grupo Antígona de Teatro Clásico de Granada estrenó una obra en el Teatro Municipal Isabel la Católica y en ella debutó con uno de los papeles principales mi amigo Javier, que habiendo nacido con unas dotes interpretativas impresionantes no tuvo ocasión de desarrollar su vocación hasta muy tarde. Afortunadamente no ha sido tan tarde como para no poder representar a un joven galán y lo ha hecho muy dignamente.
El personaje que representaba era el de un joven guapo y empobrecido del siglo XVIII, que mediante enredos y artimañas pretendía enamorar a una joven viuda muy rica, argumento de la obra "Las falsas Confidencias" de Pierre C. de Marivaux que pusieron en escena. Con sus ademanes serviles, sus movimientos nerviosos, su actitud insegura, nos retrató a la perfección la personalidad de un joven pusilánime y acomplejado por su pobreza, consciente de su inferioridad y temeroso de ser descubierto en sus manipulaciones , pero perdidamente enamorado de la joven señora y de su dinero. En una hipotética segunda parte, el personaje amparado por la riqueza y el poderío adquiridos por el matrimonio, ya no hubiera sido tan taimado, y estoy segura que también Javier habría sabido darle el aire de afectada prepotencia y superioridad de los hombres ricos de la época, porque él tiene registros de sobra para cualquier personaje en cualquier circunstancia.
Aunque se trata de una comedia amable, en su argumento se traslucen las diferencias entre las clases sociales del siglo de las Luces, ese siglo que antes de terminar nos trajo los cambios sociales más importantes de la historia de la humanidad.
Debido a mi falta de afición al teatro, de la que me avergüenzo pero no puedo remediar, ni puedo ni debo hacer una critica del resultado total de la obra, aunque si puedo mencionar las cosas que a mi me llamaron la atención: una de ellas fue el decorado, en particular los muebles, que me parecieron geniales por lo que tenían de caricaturesco. y la otra el encanto con que ejecutó los diálogos de su personaje mi amiga Lola, pero eso no es nada nuevo porque ella es una buena actriz con experiencia y afición.
Yo me congratulo de haber asistido ayer al teatro porque vi a Javier subirse al escenario del teatro principal, representando un personaje principal de una obra de teatro clásico, lo felicito con todo mi corazón, porque sé mejor que nadie lo que para él significa, y espero que pronto lo llamen para representar una gran obra de teatro de un autor clásico o moderno, pero una obra de esas que causan impacto, como las de Arthur Miller, O´Neil, Shakespeare, Lope de Vega., García Lorca.... y tantos y tantos autores que influyeron en la sociedad en su tiempo y de los que todavía podemos aprender algo.
miércoles, 28 de abril de 2010
LA MESA DE CAMILLA

viernes, 9 de abril de 2010
FELICIDADES

Con la primera raya pasó auténtico miedo, le temblaba la mano y apenas si la hizo en condiciones. Pero estaba harta de que le faltaran el respeto simplemente porque era casi una niña y les resultaba atractiva, estaba segura de que a partir de esa primera raya se sentiría mejor. Después vino la segunda y esa fue más fácil, y todavía mejor la tercera y las siguientes, que fueron muchas, y que se sucedieron sin ningún remordimiento y con mucha soltura. Y empezó a sentirse cada vez mejor disfrutando con las rayitas.
Desde hacía tiempo no soportaba que los hombres le dijeran cosas groseras por la calle, algunos se pasaban con las niñas que empezaban a hacer uso de las libertades que los nuevos tiempos traían. Poco a poco los aires de aquel mes de mayo del país vecino estaban llegando a las tierras del sur y sin que nadie se diera cuenta se iban colando en las casas camuflados entre los rayos de un sol de primavera que entraba por las ventanas y balcones, abiertos de par en par, después de muchos inviernos oscuros y tristes.
Aunque no fue de repente, conforme dejaba atrás la niñez empezó a atropellarla la modernidad, coincidieron en el tiempo ella y los cambios más significativos de la historia de las mujeres. Le tocó romper muchos moldes en la vida, cosas superfluas pensamos ahora, pero cosas que a una niña pueden marcarla para progresar o para regresar, y ella optó por lo primero porque tuvo suerte, tenía un padre al que le encantaban esos avances y un hermano mayor que la convencía de que ella tenía la sartén por el mango, y que, no dependiendo de nadie, podría pisar fuerte en la vida y contrarrestaría la reacción, reacción que después de cuarenta años no ha sido erradicada del país para según qué cosas ¡Peor para ellos! Y también supo, pero mucho más tarde, que de su inteligencia sacó mucha gente más provecho que ella misma y que le abrieron más puertas la melena rubia, los ojos azules y la talla de sujetador, que la propia inteligencia, que más bien le sirvió para tomarse la vida con humor y reírse mucho siempre, incluso otras puertas más difíciles de abrir, se las abrió la sonrisa.
Junto a sus amigas tuvo que soportar con apenas trece años, que la gente le tirara piedras por llevar pantalones en una aldea marinera, cuyo nombre nadie quiere mencionar, porque los otros pueblos lo consideran gafe. Si quieren averigüen, yo no la nombro por si acaso.
Luego fueron aquellas favorecedoras minifaldas y las viejas de la calle que le decían: “Niña que se te ve el culo ¡so sinvergüenza!”. O que el padre de su mejor amiga no la dejara salir con ella porque llevaba esa falda tan corta, la vida demostró que el chungo era él. Y los cigarros que tampoco estaban bien vistos y había quien se creía en la obligación de decirle marrana por fumar, después se comprobó que eso era malo para la salud, pero ellos no iban por ahí precisamente.
Y empezó a hartarse, pero lo mismo que sobrellevaba con cierta condescendencia lo que le decían las mujeres mayores: “¡Pobrecilla, habrá que ver la vida que ha llevado o como la manipula el párroco!”, le daba una rabia tremenda lo que le decían los hombres, los normales no: los guarros, ella, que los consideraba inferiores por tontos y salidos, tenía que pasar vergüenza por las barbaridades con que trataban de piropearla, eso era superior a sus fuerzas aguantadoras. Sabía que no podía contestar en los mismos términos sin que el tío la dejara en ridículo insultándola en público, un hombre no podía permitir que una mujer le faltara el respeto. Tampoco podía agredirlos físicamente, que es lo que le apetecía, porque saldría perdiendo. (No olvidemos que para la gente la culpa la tenía ella por ir tan provocativa). Y no era cuestión de ponerse a la altura de los imbéciles. Por eso desarrolló una habilidad especial para inventar sobre la marcha pequeñas venganzas que la dejaban un poco más tranquila.
Un día que había comprado huevos y los llevaba en un cartucho de papel en la mano, la seguía un pobre soldado que le iba diciendo todas las ordinarieces que sabía ¿de verdad se pensaría que podía ligar así?, fue andando muy deprisa y cuando llegó a la puerta de su casa, sabiendo que estaba a salvo en el portal, le estrelló el paquete de huevos en el uniforme manchándolo a base de bien, ya le daría el cabo su merecido cuando llegara al cuartel. Aunque a ella también le echó una buena regañera su madre por echar a perder una docena de huevos, ese día aprendió que había que hilar más fino, que así no valía.
Como aquella vez que fue a sacar su coche de la cochera y había un hermoso todoterreno aparcado en la puerta, como no podía salir fue a la cafetería que había enfrente y pidió al camarero que preguntara de quien era aquel coche, al momento de un grupo de impresentables salió una voz que dijo: “Es mío para que lo quite vas a tener que ch….”, coreado por las risotadas de sus compañeros. Salió del bar roja como un tomate de vergüenza y de impotencia, se fue a su casa y canceló lo que tenía que hacer aquella tarde. Al rato cogió a su perro y lo sacó a pasear con su correa por el parque cercano, con alegría vio que el coche seguía allí en la puerta de la cochera tapando el paso. Con su bolsa en la mano instaba al perrito a que hiciera lo que tenía que hacer, que para eso había salido. Cuando el perro soltó el subproducto, ella con mucho cuidado lo recogió con su bolsa de plástico y fue al coche la abrió y con mucho empeño impregnó bien con el contenido las manivelas de las puertas, la del conductor y la otra, así como la cerradura, y se subió para su casa. Solo con el sueño de la noche cesó la risa.
Por eso aquella mañana que había entrado en la Caja de Ahorros, tan arreglada y tan guapa, se le cayó el mundo al suelo cuando un hombre vino y se puso delante de ella en la cola y ante la educada reclamación que hizo el tío contestó dando grandes voces mientras la insultaba, que él estaba antes, pero que estaba hablando en la puerta y que eso era lo que había, esta vez el público le dio la razón a ella, pero les dijo que no importaba que el señor tendría prisa, que no pasaba nada. Metió la mano en su bolso y sacó un rotulador negro y gordo que llevaba, con mucho disimulo y cuidado, usando la cazadora de ante que llevaba el hombre de pizarra comenzó a pintar rayas como si fuera un gran código de barras: "Con la primera pasó miedo, la segunda fue más fácil y todavía mejor la tercera y las siguientes, que fueron muchas, y que se sucedieron sin ningún remordimiento y con mucha soltura". Y empezó a sentirse cada vez mejor disfrutando con las rayitas, pensando en las voces que le iba a dar su mujer a él cuando viera el impacto de las pinturas en la chaqueta, se pasó riendo todo el día, tanto que por un momento temió hacerse adicta a las rayas de rotulador.
jueves, 25 de febrero de 2010
LA JUBILACION
jueves, 11 de febrero de 2010
LOS SIMBOLOS
jueves, 28 de enero de 2010
El Fantasma de la Orden
Fue un gran comienzo de vida laboral, aterricé en mi futuro con buen pie: en aquella oficina conocí lo que significa el compañerismo, el buen ambiente de trabajo, la tolerancia, la generosidad y las risas, supe mucho de risas. Raro era el día que en el trabajo o en la calle no pasaba algo digno de mención, y raro era el día que a alguien no se le ocurría una frase o una broma que se quedaba en mi memoria y me servía para divertir a mi gente cuando volvía a casa a pasar un fin de semana cada quince días. Tuve la oportunidad de ver de cerca el milagro de un pueblo que convierte acontecimientos cotidianos en sucesos divertidos dignos del mejor de los sainetes.
Para honrar a esas gentes que tanto me dieron voy a contar algunas historias que viví o conocí en el tiempo que estuve entre ellas. Y ninguna mejor para empezar la serie que la de aquel fantasma que una noche de invierno hizo su aparición en forma de extraños ruidos que asustaron al vecindario y dispararon los resortes de la imaginación popular.
martes, 12 de enero de 2010
LAS LUCES
Entre el público que venía a resolver asuntos a la Seguridad Social en los años setenta, era frecuente encontrar mujeres que no sabían leer y escribir. No ocurría lo mismo con los hombres, no porque hubieran ido a la escuela, que tampoco habían ido, sino porque en la "Mili" enseñaban a los que no sabían, seguramente era lo único bueno que sacaban del Servicio Militar. Normalmente, si había alguno que era analfabeto no lo declaraba, solían ser las mujeres las que se acercaban a nosotros para resolver los problemas, ellos, simplemente, se quedaban atrás.
No por ser frecuente, dejaba de ser doloroso ver a una mujer humillada ponerse en tus manos diciendo: "Señorita me da mucha vergüenza decirlo, pero es que yo no sé leer", eso lo decían cuando no había más remedio porque tenían que firmar o rellenar algún papel en nuestra presencia, antes habían recurrido a parientes y vecinos que le hacían el favor de cumplimentar los documentos, eso si tenían suerte, porque también había desaprensivos que les cobraban un dineral por hacerlo y que aprovechaban la coyuntura para complicar las cosas y conseguir más correspondencia y por tanto más negocio. A pesar de haber desarrollado suficientes habilidades para conducir situaciones difíciles a fuerza de atender a tanta gente con tantos problemas, nunca pude acostumbrarme a semejante injusticia: ¡qué tuviera que avergonzarse la víctima de ser víctima!, el mero hecho de que la mujer pidiera perdón por no saber firmar me producía un desasosiego que hasta me hacía tartamudear, a base de oficio encontré la frase exacta que expresaba lo que sentía y siempre les decía lo mismo: "No, señora, a usted no tiene que darle vergüenza , a los que nos tiene que dar vergüenza de haberlo permitido es a todos los demás", no sé si entendían lo que yo quería expresar, pero sentía que las tranquilizaba, y sobre todo agradecían que les escribiera lo que ellas no sabían, aunque para firmar no tuviera más remedio que sacar el tampón de tinta azul e invitarlas a firmar con el dedo, eso sí, procuraba que pasaran a mi mesa para que lo hicieran sin que las viera el resto del público que por allí rondaba. He de decir que la mayoría de mis compañeros actuaba de la misma forrma.
Afortunadamente, a partir de la creación del Instituto Nacional de Servicios Sociales, se pusieron en marcha múltiples planes de atención a los más desfavorecidos, entre los que estaban las personas mayores, se fundaron Hogares del Pensionista en todos los pueblos y en los barrios de las ciudades y en colaboración con los servicios sociales de los ayuntamientos, se impulsaron campañas de educación de adultos, creando Escuelas de Mayores donde muchas personas han podido cumplir su sueño de aprender, dejando atrás un complejo que les venía pesando toda la vida. Yo he conocido a muchas de ellas y me consta que eso les ha cambiado la vida. Entre todas, hay una que merece que yo escriba lo que ocurrió para que a partir de una confusión de términos y de unas risas consiguiera lo que quería, demostrando de paso ser una persona agradecida.
