lunes, 18 de julio de 2016

ROQUE PIÑONES, MAESTRO DE OBRAS

ROQUE PIÑONES, MAESTRO DE OBRAS.


Tenía Roque Piñones pinta de pillo hasta durmiendo,  su cara redonda y morena se completaba  con unos mofletes tintados de rojo brillante por la continua exposición al sol de la albañilería, la sonrisa permanente de su boca parlanchina mostraba una dentadura desastrosa, las dos paletas de arriba las tenía seccionadas en horizontal por la mitad, lo que las dejaba en franca  inferioridad de tamaño con  el resto de los demás dientes de su boca. Esas dos mitades de los incisivos las perdió en alguna aventura descabellada de la adolescencia, dejándole ese aspecto de chiquillo mellado que casaba de maravilla con su personalidad.  

De oficio maestro de obras, había seleccionado una cuadrilla a su imagen y semejanza: un viejo albañil ducho en el arte de la paleta que cuando la resaca se lo permitía le resolvía los problemas de la obra,  y un jovencísimo aprendiz que le ayudaba a hacer las pillerías que él no podía permitirse para no deteriorar su imagen: “Cuando te vayas esta tarde metes en tu mochila esos seis azulejos y los llevas a casa de mi madre sin que te vea nadie”, o esas cuatro losetas en la cesta de la bicicleta, o un grifo, o lo que pudiera servir para completar la obra de su casa; al muchacho lo contentaba ayudando a sus padres en el mismo sentido para completar la suya. Así les salían baratas las casas de la cuadrilla, la mano de obra la ponían ellos mismos y los materiales los clientes del maestro.

Con su carácter simpático y su talante trabajador se ganaba la amistad de los clientes,  y algunos viernes al dar de mano celebraban juntos, patrón y cuadrilla, en un merendero vecino la consecución de las metas: hoy hemos cercado la parcela , hemos terminado de cerrar la planta baja o hemos puesto el tejado, buenos motivos todos para comer, beber y reír hasta que era de noche, y entonces el maestro, que era generoso, se olvidaba de lo que se olvidaba y los invitaba a las copas a su casa, donde su paciente mujer terminaba de llenarles las barrigas con lo mejor que tenía en su despensa. Con los efectos de tanta comida y tanta bebida, el cliente no apreciaba que la mitad del suelo de una habitación era igual que el de su casa o que una pared del cuarto de baño tenía esos mosaicos tan caros que su mujer había elegido, que cada peldaño de la escalera era de un color: más que una casa parecía un muestrario de Solados y Alicatados S.A. Tenía que pasar mucho tiempo para que memoria y razón se unieran para hacerle comprender el origen de los materiales de la casa de Roque, pero entonces ya sería tarde, el tiempo y la prudencia, unidos a la alegría de haber acabado las obras, ayudarían a pasar por alto el asunto, que de manera inmediata pasaría a ser archivado en el apartado de Daños Colaterales por Construcción.

Es de sobra conocido que los albañiles en una casa son una tortura, pero esta cuadrilla podría ser la excepción a la regla, bastaba con escuchar al maestro contar anécdotas y reírse mientras trabajaba, no paraba ni de una cosa ni de la otra, contaba su vida y la del pueblo con tanta gracia que no parecía que estaba chismorreando, tenía talento narrativo, salpicando la historia con todos los chascarrillos habidos y por haber y encadenando un chisme con otro, contaba la vida y milagros de todo el pueblo donde vivía desde que nació, antropología social pura entre cemento, ladrillo y paleta.

Es de justicia admitir que de quien más cosas contaba era de sí mismo, le gustaba contar sus aventuras que nunca eran cosas buenas. Uno de los temas favoritos era hablar de su primera novia y de su familia: una de dos, o la relación con ellos fue muy fructífera, o por algún afán vengativo, les atribuía todos los disparates que a él se le ocurrían. Contaba que tenían un gato. Normalmente en el medio rural los animales que ahora llamamos de “compañía” se tenían en función de su utilidad: los gatos libraban de roedores y los perros guardaban  y ayudaban a cazar, poca cosa más se esperaba de ellos, pero este gato servía para algo más gracias al miembro más pequeño de la familia. El niño había inventado un sistema para recoger los frutos, generalmente caquis y manzanas,  que maduraban colgados en manojos de las vigas del techo de las cámaras. El procedimiento era el siguiente: el niño se situaba debajo de las vigas que contenían caquis que ya habían madurado, con su gato en brazos. Seleccionaba el manojo que quería bajar y lanzaba al gato con fuerza hacia el techo. El animal, aterrado, se agarraba a la fruta como podía y caía al suelo enroscado en ella, salía huyendo soltando el caqui que  de esa manera, protegido por el cuerpo del gato, llegaba intacta a las manos del chiquillo. La familia tardó en percatarse del motivo de la merma de caquis en la cámara, descartaban la culpabilidad de  las ratas, porque el ladrón no dejaba restos ni rastro, se llevaba la fruta madura limpiamente, hasta que un día alguien que vio al gato huir despavorido tuvo la curiosidad de ver qué cosa había asustado al animal de aquella manera, y se encontró con el niño sentado en el suelo poniéndose de caquis hasta los ojos.
El noviazgo no le duró a Roque ni un año, eran muy jóvenes y por algún motivo se pelearon, parece ser que la novia descubrió algo que no le gustó y lo dejó. Una cosa normal y corriente. Lo que no le pareció tan corriente fue que a los pocos días se presentara en su casa el hermano de la que fue su novia  pidiéndole en su nombre que le devolviera el casco de moto que le había regalado por San Roque. Él se lo dio con muy mal talante y se quedó pensando en la manera de vengarse porque no se puede ser tan rácano en la vida. Buscando la manera de  devolverle el golpe, se acordó que cuando parió una cerda de las que criaba su madre le llevó un lechoncillo a su novia, lo  que aquella familia agradeció de verdad y durante todo el año lo cuidaron y lo cebaron pensando en la buena despensa que les iba a proporcionar su matanza. Sin pensárselo dos veces cogió su moto y se plantó en la casa de la muchacha, llamó a la puerta y cuando le abrió lo soltó: “ ¡Que ha dicho  mi mama que me des el marrano!” Fue escuchar aquello la joven y con todas sus fuerzas  le soltó un guantazo a Roque en la boca que lo devolvió a la moto de un vuelo.
Humillado y dolorido más en su amor propio que en el cuerpo, arrancó su moto dispuesto a salir de allí zumbando. En aquel preciso momento se le ocurrió al gato cruzar el camino, se le enredó en la rueda delantera, la moto dio la voltereta, él aterrizó de cabeza en el suelo y el gato pagó el pato. Bueno, el gato y los dientes de Roque, que se quedaron en el camino entrando en la vida eterna con antelación a su dueño y allí seguirán esperándolo, y que sea por muchos años.

jueves, 30 de junio de 2016

DOÑA URRACA

Fotografia obtenida de la Página Totateanimalele.ro


DOÑA URRACA

Al retomar los paseos matutinos que tanto bien me hacen, abandonados durante el invierno por el miedo al frío y a las inclemencias del tiempo, he vuelto a sentir el bienestar que el  inicio del día aporta al espíritu de los que a esas horas andamos sin prisa, ajenos ya a las obligaciones que en otro tiempo nos hicieron renegar de la obligación de madrugar.  

Quizás sea en las primeras horas del día el mejor momento para disfrutar del esplendor del verano, respetando, por supuesto, la belleza de las noches de estrellas y  lejos de la censura del calor del mediodía, es por la mañana temprano cuando la vida y el color del estío se abren generosos ante nuestros ojos.


Esta mañana, después de muchos meses sin verla, me he encontrado con Doña Urraca, su elegante figura y su gracioso vuelo, me han servido de inspiración para retomar el gusto por escribir. Y no es muy digna que digamos, tiene malos hábitos esta pájara: roba nidos ajenos, se come los huevos de otras especies, se lleva y esconde todo lo que brilla acumulando tesoros en lugares secretos... Pero es tan fina, con su pecho blanco, su cabeza y su espalda negras, su pico parlanchín, y esos colores irisados verdes y azules que adornan sus alas y su larga cola como si vistiera de ceremonia a todas horas. Es guapa Doña Urraca, a pesar de que la odien los cazadores porque se come las perdices (no sé de qué se extrañan si es lo mismo que hacen ellos); de que en algunos lugares la consideren precursora de la muerte, como si cualquier cosa no fuera  precursora de la muerte, que se presenta cuando y como quiere, haya venido la urraca, el gato negro o el lagarto, lagarto; y de que, como otros miembros de su familia genérica, haya sido compañera de brujas y hechiceros. Dicen que tiene un cerebro adelantado al de las demás aves, que es inteligente, que se reconoce en los espejos y que  con entrenamiento sería capaz de reproducir al voz humana.

Con semejante biografía no me extraña que haya suscitado mi inspiración mi amiga  la urraca esta mañana, incluso por instantes he admirado su figura y su genio, pero a pesar de su elegancia, su inteligencia y sus modales, no hubiera yo votado por ella, y eso que la habilidad para robar tesoros y esconderlos donde nadie los encuentra está muy cotizada hoy en día. ¿O no?

martes, 21 de junio de 2016

UVE DE VERANO

UVE DE VERANO

Entre el 20 y el 21 de junio de cada año los rayos del sol caen en vertical al mediodía  sobre la línea imaginaria del Trópico de Cáncer, es así como el hemisferio norte de la tierra entra en el solsticio de verano.  En este día el sol se encuentra en el punto más alto, iluminando las regiones septentrionales durante más horas que en ningún otro día, es por esa razón que el 21 de junio es el día más largo del año y, por consiguiente,  su noche la más corta. Así es y así habrá sido desde siempre, o al menos desde el siempre de nuestra era geológica.
Una vez repetida la lección de Ciencias de la Tierra,  para un aprobado raspadillo nada más, y por respeto al día de la fecha, toca salir del colegio y hablar del verano, lo que se dice verano, el verano de las cosechas, de las frutas, del calor, de la siesta, de las moscas,  de las vacaciones y sobre todo el verano de la infancia.
Hubo un tiempo en que el curso escolar finalizaba el día  21 de junio, ese era el día en que se entregaban las notas, o lo que es lo mismo, el día en el que  los resultados de todo el año se resumían en un boletín de cartulina mala, lleno de anotaciones sellos y firmas que había que presentar a los padres. Ningún día como aquel podría ser más perturbador para los niños, los cumplidores temían alguna sorpresa de última hora  y los otros, los habituales del fracaso se enfrentaban a la hora de la verdad, ya no había salvación, la suerte estaba echada.
 Y a pesar de todo era un gran día: un verano por delante, tres meses sin ir al colegio nada menos, tanto los que podían veranear como los que no, se enfrentaban a las vacaciones con las expectativas de aventuras y diversiones de toda índole, y si había que ir a la academia para preparar los exámenes de septiembre, se iba, allí habría compañeros de la misma cuerda que compartirían buenos ratos en la libertad de la calle. Dulce verano el de los niños, cines al aire libre, baños en aguas de mar, de ríos o de piscinas, saltos de trampolín, mira lo que hago, vamos todos a la vez de bomba para mojar el pelo de las madres, gritos, risas, excursiones,  las niñas, los niños, los visitantes, los primos de fuera, la feria, el mundo entero se quedaba chico: era verano.
En todas las culturas se  ha celebrado el solsticio de verano desde que el mundo es mundo, ofrendas y ritos para dar la bienvenida al tiempo de la abundancia, el santoral cristiano ha adaptado las fiestas paganas a su interés y le ha adjudicado  al día de  San Juan el protocolo de recepción del estío, la noche de San Juan con juegos de fuego y agua es la heredera de los rituales de nuestros ancestros.

El Santoral dedica el día 21 de junio a San Luis Gonzaga, ajustando el calendario a las fiestas, este día debía de celebrarse la fiesta del verano, pero se ha dejado quitar el sitio por el día 24, no se sabe por qué, será porque el Día De San Juan se ha adelantado y ha sido el primero en colgar de un  cordel de esquina a esquina un cartel con banderas de papel verdes, rojas y amarillas.

Escribo este cuento tonto para dedicárselo a mi amigo LLuis Martorell en el día de su santo.
Granada, 21 de junio de 2016


Coco Vida.

domingo, 12 de junio de 2016

MIRAR PARA VER



MIRAR PARA VER

Su madre consideró que ya era suficientemente mayor como para salir solo del barrio y hacer algunos recados. Confió en él porque a sus trece años ya había demostrado que era un niño responsable y serio. Le dio un sobre con dinero, un sinfín de recomendaciones y algo suelto para el billete del autobús y lo mandó a pagar el recibo del teléfono. Y allá que se fue el niño contento y sin saber que a partir de aquella mañana lluviosa su infancia se iría quedando atrás, sin prisa pero sin pausa, hasta convertirse en recuerdo junto a la placeta, la pelota, las canicas y los niños del barrio.

La lluvia de la mañana se volvió diluvio y al salir de la oficina el muchacho corrió hacía la parada del autobús para subirse en el primero que pasara, sin darse cuenta de que estaba eligiendo la misma parada en la que se había bajado, con lo cual tomó la dirección contraria a su casa. Podría haberse bajado en la parada siguiente para rectificar su rumbo, pero llovía tanto que pensó que era mejor seguir en el autobús hasta que diera la vuelta, total era temprano y él no tenía nada que hacer. No contaba con los inconvenientes de la conjunción de la hora punta, la lluvia torrencial y el centro de la ciudad: Como era de esperar a la altura de la Gran Vía, el atasco era fenomenal, una fila de coches y autobuses, de principio a fin de la calle, avanzaba de tres en tres metros y entre un avance y el siguiente paraba diez minutos o más. El muchacho se dio cuenta de que iba a tardar bastante en llegar a su casa, pero tenía la esperanza de que su madre se enteraría por la radio del estado del tráfico y no se preocuparía por su tardanza. Dejó de preocuparse él y se puso a mirar por la ventanilla del autobús, descubriendo que en las fachadas de las casas de aquella hermosa calle había todo un mundo de curiosidades que le incitaban a investigar todos y cada uno de los elementos con los que los arquitectos de principios del siglo XX habían adornado aquellos edificios.

Hasta ese momento él había paseado por la calle acompañado de su madre ajeno por completo a la cantidad de edificios hermosos con que cuenta la ciudad, nada extraño en un niño teniendo en cuenta que muchos adultos pasan así toda su vida, pero afortunadamente su sensibilidad y su curiosidad se activaron y pusieron en marcha unos ojos y una memoria prodigiosos, capaces de encontrar y retener todo el arte que encontraban a su paso.

Después de un viaje en autobús por el camino más largo, el niño que se había subido huyendo del chaparrón llegó a su destino, tarde, pero con una nueva inquietud que sería su firme vocación con los años, y a base de mucha voluntad y mucho trabajo lo convertirían en el hombre culto y sabio que es ahora, historiador, curator, productor cultural y “sobre todo curioso”, según sus propias palabras. Aunque José Vallejo Prieto es mucho más: es el amigo generoso, es el maestro que enseña a mirar a los que no hemos sabido ver teniendo ojos, es el hombre que ayuda a comprender la historia del arte, y, sobre todo, es el investigador que transmite a los demás la dimensión de todas las cosas hermosas que engrandecen el espíritu.

A mi amigo José Vallejo, con mi agradecimiento y admiración, esperando que sepa disculpar el cuento que le he echado al cuento.




Escribí este cuento para hacer un regalo sorpresa a mi amigo Jose Vallejo, partiendo de algúnos detalles de su biografía que él mismo me había contado, cometí un pequeño fallo, confundí la calle Almona de San Juan de Dios con la Almona del Campillo, con lo cual le he hecho viajar en el autobús equivocado, en lugar de en el Ocho lo he subido al Once, pero como le esencia de la historia no varía se va a quedar así, a no ser que José se canse de ir para allá, cuando debía de venir para acá.

sábado, 4 de junio de 2016

OLOR A CHAMUSQUINA

Esos que ponen la mano en el fuego por sus amiguitos, un día se van a encontrar con un grajo en el nido. 
Y que no vengan con la presunción de inocencia ni ocho cuartos, que cuando se trata de dinero público, permitir que funcione un procedimiento que se salte la fiscalización previa y la intervención de pagos, tanto si es por desconocimiento como si es por conocimiento y, aunque no haya enriquecimiento propio,es prevaricación sí o sí. Y que además a ocho o diez mil euros al mes, lo menos que se puede hacer es entrerarse de lo que pasa alrededor. Así que, repito, a los de la mano en el fuego que sepan que los delata el olor a chamusquina.

miércoles, 1 de junio de 2016

DE FOGONES Y TRADICIONES




Fotografia obtenida de Youtube


LOS FOGONES TRADICIONALES


El  Canal Cocina emite un programa llamado Los Fogones Tradicionales, que intenta  difundir las tradiciones gastronómicas  rurales  de esta España mía, de esta España nuestra, consiguiendo elevar  a documento antropológico un programa de cocina que deja bien patente  la relación de la economía histórica con la forma de alimentarse cada pueblo, mostrando  la mayoría de las veces la miseria de un país muerto y enterrado junto a los años más  negros  del siglo pasado.

Para rodar estos programas el equipo de rodaje se desplaza a  los pueblos más remotos donde se  monta el tinglado oportuno para reproducir  en el terreno  las costumbres culinarias de los antepasados de la región, usando los fogones de leña  de las chimeneas ( de ahí el título) y los utensilios de otros tiempos para cocinar  platos y recetas con ingredientes autóctonos, al uso y estilo de cada pueblo.


En este punto es preciso hacer una aclaración: La censura familiar pretende prohibir este programa en todo el territorio del cuarto de estar, por considerarlo  elemento de apología del Puertourraquismo en sí mismo. Por esa razón y porque no hay más televisores en la casa,  hay que verlo a escondidas y en solitario, con la consiguiente frustración de la espectadora que se tiene que guardar los comentarios para sí, y que la llevan a escribir a modo de desahogo esta crónica o crítica o como se quiera catalogar.

Se supone que para protagonizar cada uno de los capítulos de esta serie , el realizador localiza las asociaciones de mujeres de los pueblos, que nada tienen que ver con los pueblos de antes, y ellas se convierten en protagonistas y eligen las recetas de sus tradiciones, así como los escenarios en los que van a ser elaboradas paso a paso, tal como ellas recuerdan que las hacían sus madres o sus abuelas. Arregladas con sus mejores galas, incluyendo coquetos delantales y recién salidas de la peluquería, cocinan delante de la cámara, indicando cómo se preparan  los  ingredientes que usan en  sus recetas,  sin escatimar explicaciones y detalles, después llega la hora de cocinarlos en el fuego de leña que hay en la chimenea y,  con torpeza por la falta de costumbre, se pelean con las estrebedes agachadas de forma indecorosa o sentadas en sillas bajas que no les permiten ni cerrar las piernas, quemándose con el calor de la candela y manejando utensilios rudimentarios con torpeza,  al final muestran orgullosas el plato, que en la mayoría de las ocasiones suelen ser sencillos y vulgares y sin más interés que el que les otorga  la tradición y el cariño con que estas mujeres los hacen. Por eso aquella mujer de una comarca remota del sudeste interior de la península, bastante mayor, o así lo parecía, después de  hacer una gran fuente de  Gurullos con Conejo de aspecto inmejorable, con los gurullos amasados a  mano uno por uno, le tocó hacer una sartenada de Migas de Harina encorvada sobre el fuego, quería dejar patente que en verano en aquellas tierras no se hacían migas, que eran comidas de invierno cuando no se sudaba al acercarse a la lumbre, disculpándose por las gotas que le cubrían la cara roja; levantó la sartén con mucho trabajo y la puso sobre la mesa y despidió el programa recomendando a los espectadores que hicieran las migas como las había hecho ella, que eran muy ricas.


La sintonía de despedida del programa comienza en tono muy bajo y como ruido de fondo se oye la  voz de la mujer que dice: “¡Menúo coñazo!”, el director no ha ordenado que se suprima, él sabe perfectamente que esa exclamación es lo más auténtico de todo  el capítulo.

jueves, 5 de mayo de 2016

GRANADA, FRENO Y MARCHA ATRÁS

GRANADA, FRENO Y MARCHA ATRÁS


Estaba yo escribiendo una crónica de mi ciudad el otro día, cuando saltó la noticia de la detención del alcalde y su concejala de urbanismo acusados de corrupción urbanística y algunas cosas más. A pesar de las reformas legales, del cambio de imputado a investigado y todos los subterfugios inventados, dado el momento político que se está viviendo en el país, con unas elecciones de repetición a la vuelta de la esquina, desde su propio partido se pidió la inmediata dimisión de los dos ediles, el alcalde se resistió lo que pudo y al final, con un golpe de estrategia personal brillante, exigió que a la par que ellos dimitiera el primer teniente de alcalde, cargo que ostentaba el  presidente provincial del partido, dejándolo todo más claro que el agua, y lo que es más sorprendente es que el tal presidente provincial accedió,y dimitieron los tres ediles dejando vacante el gobierno de la ciudad que venían ejerciendo en minoría , gracias al apoyo de alguien a quién le sobran chaquetas para cambiarse, y que con unos cuantos tejemanejes no ha tenido empacho en apoyar al líder de la oposición, dando la vida municipal un giro de ciento ochenta grados.
Después de este párrafo escrito a modo de introducción, puedo seguir con mi artículo al que habré de dar algunos cambios. dadas las circunstancias, pero cuyo relato al fin y al cabo no tiene por qué cambiar mucho, al menos en lo que de crónica ciudadana tiene. Decía así:
“Granada es una ciudad a la que se le ha echado el freno,  no se sabe por qué clase de razones, pero la verdad es que en los últimos cuatro lustros ha tenido mala suerte política. Todo empezó con un parto con fórceps del que nació un gobierno municipal compuesto por tres fuerzas políticas dispares, que para evitar que gobernara el partido más votado en aquella ocasión cedió ante el único representante de un partido a extinguir que había sacado un solo escaño y se sintió fuerte como para exigir tres concejalías para él solo, y no cualquier concejalía no, eligió Cultura, Turismo y Deportes, así cayó la gestión del emblema ciudadano en manos de lo más cateto que entonces había, resultado: Un Circo.
Como consecuencia del disparate, las fuerzas que se hacen llamar progresistas no han parado de perder votos dando lugar a tres mayorías absolutas seguidas de un partido ultraconservador, representado por un equipo mal dotado para la política, dedicado más a su promoción en el partido que a cuidar de la ciudad, gobernando en contra de toda lógica con tal de ganar puntos ante sus jefes se les ha ido la fuerza entorpeciendo la labor de las otras administraciones dirigidas por el partido rival. Para su propaganda y regocijo gastaron millones en una emisora  de televisión de tecnología obsoleta, que tuvieron que actualizar gastando otros millones que ahora faltan en las arcas municipales. Al final se ha ido al traste la empresa de tanto utilizarla para colocar amiguetes y disimular ingresos. Y se han perdido más millones en disparates múltiples, allá donde han puesto el ojo, han puesto la trampa y el desastre.  Vendiendo empresas municipales rentables y con buen funcionamiento han conseguido que los granadinos paguemos más caro todo: el agua, enterrarse, moverse por la ciudad, viajar en transporte público,  todo se ha supeditado al interés de las empresas que para eso han pagado por gestionar los servicios públicos, para ganar dinero. El capítulo de la economía ha quedado claro, no estamos a cero, estamos a menos muchos millones, y hay que sacárselo a los ciudadanos como sea, tasas, permisos, multas, trampas para multas, multas con trampas...
La ciudad que fue, ya no es. Si alguna vez fue fuente de inspiración de artistas, por su belleza y su ambiente cultural, eso se ha quedado perdido debajo de las mesas, las sillas y las sombrillas de los bares que ocupan la mayor parte del suelo ciudadano, lo que queda de suelo se lo reparten los burros de  las despedidas de soltero chabacanas y las procesiones de los santos, que se les han ido de las manos a los curas y quieren salir todos los fines de semana como todo el mundo. Los primeros dejan la ciudad el domingo por la tarde, después de pasar el dia haciendo el imbécil por las calles y  de pillar el lobazo con las cervezas baratas y las tapas gratis, el tema de las copas lo resuelven con lo que traen de sus pueblos en la mochila, luego duermen en el coche, vomitan en las aceras y se mean por las esquinas. Las segundas interrumpen el tráfico, molestan a los vecinos con las trompetas  y dejan el suelo lleno de cera, que se caen las motos los lunes por la mañana que es un gusto. Total, turismo de calidad: despedidas de soltero y atracción cofrade, negocio redondo y prestigioso.
Y si se trata de procurar bienestar a los ciudadanos  se juntan todas las administraciones, de uno y otro signo, que aquí pringamos todos, y le quitan el pan y la sal a la ciudad y a su provincia, les cortan las comunicaciones por ferrocarril, suprimen trenes, anulan vías, y los mandan a Madrid por Antequera, al doble de precio  y 198 kilómetros más lejos. A Barcelona, nada, a Barcelona no se puede ir, nos hemos peleado con Levante.”

Y, ahora que el nuevo partido, el que coincide con el que gobierna en Andalucía, ha obtenido los votos suficiente para gobernar la ciudad, los granadinos, aunque  conscientes de que es una mala herencia la que reciben, con problemas que no se pueden resolver a nivel local porque vienen impuestos desde otros poderes más altos, esperan que Granada recupere el prestigio que siempre tuvo, que no todo es dinero, que hay muchas cosas que se pueden recuperar con buena armonía y buen trato con las otras administraciones, sean del signo que sean, que los partidos, una vez que son gobierno deben de dejar sus intereses en sus sedes, porque cobran por otra cosa y los que pagan se van hartando cada día más.

Ahora que Granada se ha puesto a mirar para Cuenca que sirva para algo, qué queremos resultados, queremos servicios públicos, públicos, gestionados por funcionarios y no por mercaderes, queremos lo que teníamos: líneas de autobuses lógicas, trenes a todas partes por las vías que había y por las nuevas , calles limpias, agua limpia y barata, jardines, cultura de calidad y de todos, todos, los gustos; un cementerio sin especuladores de tumbas, en fin lo que ellos saben que está mal, que lo saben de sobra, lo que se pueda, poquito a poquito, si lo que está privatizado no se puede desprivatizar, que solo sea de momento y mientras, ejerciendo el control para que el servicio no se deteriore ni haya abusos, no debe de ser tan difícil. Y si alguien lo ve difícil que se haga a un lado, que hay gente que puede, y, sobre todo que se cuiden de hacerlo bien, que los otros están al acecho y que por experiencia se sabe que una mala gestión de la izquierda, trae tres mayorías absolutas y media. Y ellos tienen otros intereses más particulares, solo tiene  que verse como nos han dejado.

martes, 22 de marzo de 2016

TERCER TRIMESTRE-PRIMAVERA


TERCER TRIMESTRE



A los niños nos daba igual la entrada de la primavera, es verdad que era el tiempo de la Semana Santa y nos alegraban las vacaciones, pero llevábamos tantos días sufriendo las amenazas del infierno entre recortes cuaresmales y ejercicios espirituales que los siete días de fiesta que nos quedaban por delante no tenían gran atractivo para nosotros, eran tiempos de penitencia tenebrosa. No faltaban las abuelas o las tías bienintencionadas que se ofrecían a llevarnos a rezar en los Oficios o al Señor de los Favores a las tres de la tarde, un horror, y ellas tan responsables  supliendo a los padres faltos de fervor religioso, sin saber que nos daba terror de ambas cosas. Por su parte, los padres cumplían con las tradiciones llevándonos a ver las procesiones, nos sentaban en las sillas que ponían en las calles del centro, nos compraban un helado y allí las veíamos pasar una detrás de otra casi todas iguales, unas nos daban miedo por los caballos, las otras porque apagaban las luces o porque llevaban una especie de fantasmas que tocaban la trompeta por la barriga y todas porque paseaban  imágenes de aquel hombre torturado sangrando y sufriendo, cosa de mucho temor para los ojos infantiles  eran aquellas procesiones. Distinto era cuando llegaban los catorce o  quince años y se nos permitía salir en pandilla por la noche, niños y niñas juntos, visitando barrios para nosotros desconocidos y enigmáticos, y veíamos  las procesiones en todo su esplendor en los lugares emblemáticos.  Y bajo  aquel cielo frío del mes de abril  entrabamos en nuestra particular primavera, iniciando la ceremonia de la vida adulta ante el “marco incomparable”  de un escenario ciudadano  privilegiado.


Después de Semana Santa se presentaba ante los niños la temporada más difícil de todo el año: el tercer y último trimestre del curso escolar. La primavera era mala amiga para los escolares, estornudos, picores y exámenes se sucedían inevitablemente y había que convivir con ellos como fuera. A estas dificultades se unían las ceremonias primaverales de los  colegios de monjas (no había otros en las ciudades) que ignorantes de cualquier corriente pedagógica históricamente  desarrollada, seguían su particular método de domesticar niños  por el sistema de la comunión con ruedas de molino, el temor al infierno,el perdón de los pecados, la vida eterna y amén.  El mes de mayo era el peor, a esas alturas del curso debían de estar hartas las monjas de las clases y sabían la manera de librarse,  además de ensayar las primeras comuniones propias y ajenas, solían  inventar Novenas, Triduos y Flores a María, a ellas les quitaban un rato de la molesta docencia, mientras que a las alumnas no les servían para otra cosa que para perder el tiempo, exceptuando el rezo de Las Flores, ceremonia que organizaban en el patio a pleno sol para no ensuciar la capilla, que servía para desarrollar las dotes escénicas del alumnado, había niñas que llegaron a dominar el arte del mareo y posterior desmayo a la perfección, cayendo al suelo  las chiquillas con verdadero arte  para librarse de aquel sol de macetilla y de los monótonos cantos.


Con ese balance de inconvenientes llegaban los exámenes finales y con ellos el fin de curso, indpendientemente del resultado eran días gozosos que daban paso a las vacaciones y al verano, estación del año favorita para los niños  por encima de todas, de la que habrá que escribir cuando llegue su fecha.

jueves, 17 de marzo de 2016

EL CAFE DEL VIEJO MERCADO




EL CAFÉ DEL VIEJO MERCADO

Entre las desamortizaciones del siglo XIX y la remodelación y saneamiento de la ciudad por la construcción de la Gran Vía a principios del siglo XX, fueron muchos los conventos que cayeron, dejando grandes espacios públicos libres, dando origen a  muchas de las plazas que hoy forman parte del paisaje urbano: La Trinidad,  San Agustín o Capuchinas fueron en un tiempo los solares de otros tantos conventos que venían habitando la zona desde la repoblación cristiana, Trinitarios, Capuchinas, Agustinos. Por su ubicación en el centro de la ciudad en aquellas plazas se fue estableciendo la actividad comercial que dio lugar a lo que  había de mercado central en Granada, aquello  que durante muchos años la gente llamaba Las Plazas fueron tres construcciones sucesivas: La Pescadería, La Romanilla y el Mercado de San Agustín, a cual más feo, frío y destartalado. Una vez entrada la década de los años setenta aquellos edificios fueron derribados, las plazas volvieron a ser plazas y se hizo un nuevo Mercado de San Agustín, y otra vez lo hicieron feo, frío y destartalado. Granada tiene mala pata con los mercados, no le salen bien,  se le van los humos al cielo con tanta belleza heredada y no tiene gracia ninguna para adornar los rincones de lo cotidiano. Ciudades sencillas, sin palacios ni paisajes, presumen de mercados vistosos cuyos colores y olores guardan los viajeros en la memoria como si fueran  bonitas postales de la vida.

A pesar de todo el Mercado de San Agustín tenía su encanto y  una vida que bullía en su interior al menos unas horas al día,  empezando por una cafetería en la que desde antes de amanecer latía el pulso vital del mercado y sus entornos. Ocupaba esta cafetería el lugar central de la planta baja del edificio y era como una isla de luz en aquel recinto umbrío. Allí encontraban el primer alivio del día los estómagos de toda clase de personas: trabajadores y comerciantes, borrachos habituales y juerguistas casuales, empleados y funcionarios de las oficinas de los alrededores, gente de todos los estilos que, como en una ceremonia común, se sacudían el sueño que aún les quedaba o que todavía no habían resuelto, para empezar o terminar  su jornada.

Entre los clientes habituales destacaban  las encargadas de una de las pescaderías con más fama de toda la ciudad por la calidad y frescura de los pescados de Motril que vendían y por estas dos dependientas que lucían como actrices de Hollywood. Aunque no eran ya niñas por ese nombre se las conocía, como a su puesto del mercado, “Pescadería las Niñas.”  Si no eran guapas, al menos lo parecían, perfectamente maquilladas, los labios muy rojos y el pelo de peinado inalterable de color rubio platino,  cuyos rizos eran esculpidos regularmente por alguna peluquera con vocación artística, se adornaban con un capital en joyas y con delantales  blancos en lucha permanente contra las tintas de calamar y el aguachirri de los mejillones. No habrá un solo cliente de San Agustín que no las recuerde.

Inolvidables también aquellos dos hermanos carniceros, uno grande y otro guapo, coleccionistas de belenes barrocos y destacados cofrades, que en su puesto de la esquina soportaban a las compañeras de su hermano funcionario, tan recordado y querido, que los atormentaban a diario con sus guárdame esto o prepárame lo otro, que a las tres vengo a recogerlo, encargos que cumplían a la perfección y con la mejor de las sonrisas siempre.



Puntual a su cita se presentaba el ciego vendedor de cupones todas las mañanas, con su cantinela repetitiva anunciaba los millones que iban a tocar como si los estuviera ya repartiendo. De él era difícil escaparse, reconocía a todos a simple “vista”, según los mal pensados, o por  un sexto sentido desarrollado para detectar clientes o vaya usted a saber cómo, la cuestión es que se dirigía a cada uno por su nombre y le vendía el cupón por mucho que se escondiera en el último rincón.

La cafetería también servía de mirador o palco para observar la vida del mercado: pasaban los repartidores empujando carros repletos o cargando cajas enormes, trajinaba la gente de los puestos colocando  las mercancías mientras hablaban entre ellos, bromeando o comentando los sucesos del momento. Por lo general había buen ambiente, los borrachos trasnochados que tocaron en suerte en aquel lugar y aquel tiempo no eran demasiado impertinentes y se limitaban a dormitar donde pillaban sin molestar a nadie. Escenas cotidianas de un motor básico de la ciudad que vive sin sospechar que un monstruo ha ido creciendo en su interior y está dispuesto a dar su primer zarpazo.   

Por el mercado se movía el peor personaje que toda aquella gente pacífica  iba a conocer en su vida: un muchacho joven que repartía el pescado,  fuerte como para cargar a hombros los peces espada que los transportistas dejaban tirados en la acera, imagen terrible la del hombre con el pez a cuestas atravesado con la cabeza mutilada por la amputación de la aguja característica. Se abría paso entre unos y otros sin levantar sospechas, aunque aquella mirada torva causaba inquietud a las clientas jóvenes de la cafetería que no podían imaginar, como el resto de los habituales del mercado, que iba a ser el responsable de uno de los sucesos más luctuosos que han ocurrido en la ciudad. No se va a describir mucho más en este relato al personaje, porque en su novela “Plenilunio”, de la que fue  protagonista involuntario,  lo dejó bien definido Antonio Muñoz Molina y sería una osadía por parte de quien esto cuenta, pero sí es cierto que, aún ahora, alguna de las funcionarias que se cruzaban con él aquellos días todavía tiembla al pensar que en alguna de aquellas mañanas frías, mientras ella entraba al bar del mercado a tomarse un cafelillo antes de empezar a trabajar, aquel ser repugnante venía de asfixiar a una chiquilla y dejarla tirada con las bragas en la boca junto a las Torres Bermejas en el bosque de la Alhambra.



Fotografía obtenida del Archivo Histórico Municipal








domingo, 13 de marzo de 2016

TORRIJAS (Las que yo aprendí)


TORRIJAS

Las torrijas son un dulce popular típico de la Semana Santa, que se hacen con ingredientes baratos y asequibles, son muy agradecidas por la familia y son fáciles de hacer. Si se puede se deben hacer con pan especial de torrijas, si no se puede se hacen con pan del día anterior , pero insisto, ya venden pan de torrijas en todas partes, aunque yo no recomiendo el que venden en Mercadona que es un pan de molde más o menos común, el idóneo es un pan especial de torrijas que venden en las buenas panaderías, para mi el mejor que se vende en Granada es el de la panadería de La Gracia de Dios, que ya hay muchas sucursales por la ciudad. Y para los que no sean de Granada, buscad un pan tipo brioche un poco mas denso, así salen buenísimas.

Ingredientes:
 1 barra de pan de torrijas
1/2 litro de leche
2 huevos
3 cuchardas grandes de azúcar
1 trozo grande de cáscara de limón
1 barra de canela
Azúcar y canela en polvo para emborrizar
Aceite de oliva virgen (Si no gusta que el sabor del aceite sobresalga, se usa uno de 0,4 º de acidez)

Se pone a cocer la leche con la cáscara de limón y le barra de canela, cuando empieze a hervir se le echa el azúcar y se mueve hasta que se disuelva, se deja hervir un ratito se apaga el fuego y se deja entibiar para que infusione bien el limón y la canela.

Se parte el pan en rodajas bastante gruesas, se dispone en una fuente y se le echa por encima la leche hasta que quede bien empapado, se deja reposar un buen rato para que el pan absorba bien la leche. Después se pasan las rebanadas por los huevos batidos y se fríen en aceite que no esté excesivamente caliente.

Las rebanadas de pan mojadas en leche son muy frágiles hay que manipularlas con mucho cuidado, Yo evito el riesgo de rotura con un truco fácil, las meto en el congelador con su fuente y todo durante unas horas, y cuando están duras, las paso por el huevo y las frío y así no se rompen. El único inconveniente del sistema es que hay que hacerlas en dos sesiones, pero es mucho más fácil hacerlas así.

Si después de freír las primeras tandas de torrijas se ve el aceite un poco sucio, aunque no pasa nada, se puede colar y terminar de freir las siguientes. Se ponen a escurrir en una rejilla o sobre un papel de cocina para que suelten el aceite que les sobre, se prepara un plato con azúcar y canela y se van pasando una a una procurando que queden cubiertas de esta mezcla por todos lados.

Algunas personas las pasan por un almibar clarito que se hace hiriviendo agua con unas cucharadas de miel y les echan un poco de azúcar y canela por encima.



sábado, 20 de febrero de 2016

LOS AÑOS SIN LETRAS

En aquella difícil edad  en que las madres simultaneábamos  la crianza de los hijos con la responsabilidad laboral,  fuimos madurando a base de renuncias para cumplir el  nuevo papel que la dignidad y el siglo demandaban; incluso, en el mejor de los casos, contando con la  colaboración de compañeros comprometidos con la causa, se pasaron algunos años de sequía intelectual en los que lo  último que podíamos pensar era sacar tiempo para atender nuestras aficiones culturales, relegando la actividad lúdico- intelectual propia en favor del mero entretenimiento que entraba sin esfuerzo a través de los medios audiovisuales de que se disponía.
Afortunadamente no fueron muchos años, cuatro o cinco en algunos casos, los justos para que los hijos empezaran su propia andadura con cierta independencia de la madre, pero suficientes para caer en la trampa del abandono de las buenas costumbres, y la dificultad de volver a  la senda si se requería el más mínimo esfuerzo. No fue fácil recuperar el hábito de la lectura, ningún libro despertaba el interés necesario, las recomendaciones de los lectores habituales no valían, ellos estaban entrenados.Así se dejaron pasar de largo los Lawrence Durrell, Boris Vian, Mujica Laínez y otros muchos a los que humildemente se les ha resarcido de la ofensa leyendo sus libros muchos años después, unos con más gusto que otros, hay que decirlo. Hasta que por fin apareció en aquel cuarto de estar un libro  titulado El Nombre de la Rosa, para esta madre de los años ochenta una auténtica tabla de salvación.

Aquel libro reunía todo lo que podía ser interesante para mí en aquel tiempo: magistralmente escrito ,asesinatos  mucha intriga,fin de la Edad media, la vida en una Abadía, personajes interesantes, órdenes religiosas ¿se podía pedir más?. Así fue como recobré una afición que había perdido y que tantas satisfacciones antes y después me ha proporcionado.
Que esta reflexión sobre la propia vida que, sin duda, se puede hacer extensiva a muchas otras, sirva de homenaje al profesor Umberto Eco, que desgraciadamente ha fallecido a los 84 años, dejando una herencia que lo hará inmortal.

Gracias y que descanse en paz.

miércoles, 17 de febrero de 2016

MI HERMANA







Yo soy de esas personas afortunadas que tienen una hermana mayor, no como ella,que no ha tenido esa suerte. No somos gente de estar todo el día cuchichenado, con Navidad y Fin de Año vamos despachadas. Por más que busco en mi memoria siempre la encuentro a mi lado en todas las situaciones criticas de mi vida prestando su eficaz ayuda y sin sentimentalismos ni cursiladas, a lo práctico, como solo ella sabe hacerlo.Hoy es su cumpleaños, quizá el más esperanzador de los útimos tiempos, por fin se han superado los días de dolor y miedo, aunque un poco mermada de forma fisica la vida le ha vuelto a dar una oportunidad.

Muchisimas Felicidades Julia Vida, MI HERMANA , que de ahora en adelante todo sea disfrutar de lo que te rodea, y si no puedes hacer las cosas que antes hacías y tanto te gustaban, no me cabe la menor duda que tu te inventarás aficiones nuevas, como has hecho siempre. 
Un beso grandisimo y gracias por todo.

lunes, 8 de febrero de 2016

EL HUMOR MÁS AUDAZ


EL HUMOR MÁS AUDAZ 


Durante más de cuarenta años publicaciones imprescindibles pusieron en ridículo a los censores de la dictadura por medio del sarcasmo y la ironía, practicando el "humor más audaz". Semana tras semana La Codorniz primero o Hermano Lobo después, criticaban todo lo criticable y lo que no, divirtiendo a sus lectores mientras los hacía pensar sin dar tregua al régimen, con las únicas excepciones de los cierres de edición, si alguna vez al funcionario de turno le pillaba un poco más iluminado y las raras veces que eso  ocurría, lo único que se conseguía es que a la semana siguiente se duplicara la tirada porque la demanda era aún mayor.
¿Tan difícil es jugar con las palabras para no caer en la trampa? 

¿Tan raro es que un responsable público vea las obras antes de exponerlas?

¿Tan torpe se puede ser cuando uno se dedica al espectáculo?

¿Tan inocente es una organización que no se da cuenta de que la precaución es más útil a su causa que la provocación?

¿Tan ilusos somos que no hemos visto el peligro de la Ley Mordaza en cuanto a la Libertad de Expresión se refiere?

A ver si dejamos de jugar a los disfraces y a los golpes de efecto y vamos pensando cómo devolver a este pais al siglo XX, por lo menos.

domingo, 24 de enero de 2016

EL COLEGIO


EL COLEGIO




Gracias a la generosidad de mi amigo Antonio Maldonado,artista de la fotografía y del saber mirar, tengo la oportunidad de regalar a mis compañeras del Colegio de las Teresianas este álbum en el que se ve el esplendor de una de las casas de los López de Medina, convertida en Colegio Mayor Santa Fé, realizada por el sobresaliente arquitecto Francisco Giménez Arévalo, autor también del Palacete de los Patos y de otras casas notables de Granada de finales el siglo XIX y principios del XX, participante también en la cosntrucción de la Gran Vía.

Esta familia tenía otra casa, hoy desaparecida, que debió ser dedicada al negocio de la familia, no tengo constancia si se trataba de actividad bancaria por la cercanía del Banco de España en aquella época o a cualquier industría de las muchas que en aquella Granada próspera florecieron al calor del cultivo de la remolacha. En ésta segunda casa, también hermosa aunque menos lujosa, estaba el Colegio Menor de la Institución Teresiana, donde estudiamos las niñas que ahora somos señoras jubiladas la mayoría. Como no había sido pensado el edificio para ser colegio, tenía bastantes carencias para el uso docente, por ejemplo, cosa rara en aquellos años, no tenía una capilla, por eso las ceremonias religiosas se hacían en la capilla del Colegio Mayor a donde acudiamos las niñas en fila y calladas admirando esa decoración maravillosa que debió de quedar impresa en el fondo de nuestra memoria infantil y hoy os traigo en recuerdo de nuestra común etapa escolar.

Fotografias cedidas por Antonio Maldonado


https://goo.gl/photos/XYnrLgnVqK18L8AZ8

miércoles, 13 de enero de 2016

LUMINOSO ENERO



A mi hija Maria del Mar González Vida




Algo tiene el mes de enero que le hace ser especial, no es “florido y hermoso” como mayo, ni plácido como agosto, tampoco brilla como  julio, ni es cambiante  como  abril; no es loco ni ventoso como febrero y marzo, ni esperanzador  como  junio y no es decepcionante como septiembre, ni es nostálgico como octubre, romántico como noviembre y, por supuesto, no quiere ser  festivo como diciembre, pero sus contrastes de luz, frío y color lo convierten en el mes principal del año, por ser el primero y porque en sus días los propósitos y las esperanzas se mantienen intactos, limpios y preparados para que los otros meses se ocupen de desgastarlos.

Entrar de madrugada el trece de enero en un hospital del siglo XVI, aunque muy bien adaptado a los tiempos,   con lluvia, frío y miedo, le hace a una sentir como oveja que va al matadero o algo peor, porque las ovejas no saben lo que les va a pasar, y la que va a ser madre por segunda vez si lo sabe y lo sabe bien. Hacer el trabajo de nacer una vida en varias horas es muy duro, pero el resultado feliz hace que ese esfuerzo se olvide y sabiendo que no lo tienes que volver a hacer más en la vida hace que al salir del hospital al día siguiente se vea la luz de la tarde de enero como la más luminosa y liberadora que se verá en en la vida.
Hoy, treinta y tres años después, escribo estas palabras para felicitar a mi hija Maria del Mar en su cumpleaños, porque es el primero que no va a pasar con nosotros, porque está lejos y porque quiero que sepa que ella es como la la luz de enero para su familia, por su alegría,su generosidad y por esa fuerza que derrocha ante la vida que hace mejores a todos los que se acercan a ella.

Muchas Felicidades hija, para este año y para siempre, y que se cumplan todas tus ilusiones.

Mamá.